Social Research & Consultory

Desde donde estamos, hacia donde iremos, no vamos solos. Generamos en cada momento conciencia, nuestra marca es nuestra ética. Nuestro mayor beneficio generar el bien común. El mío mediante las letras...

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Faber

Mar, pesto,
poesía,
callejones,
violonchelo y violín,
abrazos, bacio...
... calcio y vespa. Génova te adoro.
Paesino, me dio todo el amor que un poeta puede dar,
bajo la luna
la montaña de la Toscana en verano
la piel de la fruta es más apetecible.
Luces, alegrías,
visitas en ir y venir desde la península de enfrente 
hasta España.
Un día, cuando ya estaba todo gozado me hablo de su mayor locura:
La famiglia.
Cogí mi ropa, me vestí,
apagué el disco de los Beach Boys, sonaba Good vibrations:
"... escuche el sonido de una palabra apacible, 
en el viento eso levanta su perfume por el aire".
Y entonces me dijo:
"me siento en medio del mar, como en una barca sin saber a donde ir cuando te vas".
Me fui, libre de perversidad. Génova te extraño algunas veces.





Con su falda.

Ella se asomo al balcón, con sus pequeños brazos abiertos
fue a tomar aire,
ella corrió hacia el umbral,
buscando un poco de aliento
de ese que te da la vista hermosa,
impulso que surge de
aquello que no es visible para todos,
cadencia en su anaco,
ritmo y baile.




martes, 5 de diciembre de 2017

Correspondencia consciente: dar todo el amor... 

Todo el que tenemos dentro. Sin miedo. Con alegría e ilusión. Y aprender a recibir...

Estamos tan acostumbrados a dar por fechas, por navidad, por cumpleaños, por aniversarios. A veces olvidamos que en realidad estamos dando todo el tiempo, en cada instante. Darnos con equidad, con transparencia, a través de acuerdos explícitos es un camino para acceder a la armonía.

En cada una de nuestras acciones nos damos. Hay un cúmulo de situaciones en la vida, en lo social y en lo individual que nublan nuestra forma de dar, de darnos, y también de recibir. Os dejo algunas pistas, reflexiones sobre lo que para mí es darse en las relaciones, en lo que denomino correspondencia consciente.

Nos exigimos como si se tratará de una competencia. Por ejemplo, Él o ella me ama, pues yo doy más, y espero... y espero... No señoras y señores entre las personas no existe la igualdad, somos todos diferentes. La igualdad es un concepto burgués y positivo surgido en la revolución francesa. La igualdad debe existir en la dimensión de los derechos, es decir, en su acceso y aplicación. No se trata de renunciar a la igualdad de condiciones para los ritmos de vida sociales, al contrario, reconocer las diferencias personales nos permite entender la importancia de la igualdad como concepto político y jurídico. Las diferencias entre los individuos son de distinto orden, físicas, espirituales, materiales, emocionales, en fin, hay tantas combinaciones como personas en el mundo. En este sentido, el hecho de construir una relación en la equidad es algo que todavía tenemos que aprender.

La equidad es bondad. Supone brindar y recibir sin disminuir y cooperando. Ser equitativos no significa dar exactamente lo mismo que nos han dado, sino saber ampliar nuestra creatividad y gratitud en proporción. No hay una formula para ejercer equidad. Insisto cada uno de nosotros es diferente, por esto no existen las prescripciones al pie de la letra. En base a nuestra experiencia, y con la virtud de la humildad podremos entender como abordar nuestras relaciones con equidad. Para ello debemos estar abiertos al rechazo de la otra persona, incluida la persona más querida, o las más queridas. A veces damos por sentado que conocemos a las personas, como si fueran objetos inamovibles. Recordar, podemos entender parte de la esencia de las personas, pero no todos los detalles de sus días.

Interpretar las intenciones de las personas también tiene que ver con las inseguridades de la persona que interpreta la acción. La única forma que conozco de no interpretar al otro es preguntando. Un ejercicio muy simple, pero que hasta al más docto maestro se le puede pasar. Una vez realizada la pregunta, con mucha delicadeza, lo mejor es llegar a ciertos acuerdos de la relación. ¿Cuántas veces hemos interpretado las supuestas intenciones de otra persona dandole un discurso de que no genere expectativas? ¿Cómo hemos preguntado antes a esa persona lo qué piensa realmente? ¿Cuáles acuerdos han sido explícitos de cara al tipo de relación que tenemos con esa persona? Es posible que si la otra persona nos está llenando de amor tengamos miedo a no poder corresponder del mismo modo, a todos nos ha pasado. También cabe la posibilidad que sea sólo nuestra interpretación. 

Tener acuerdos no es llegar a una meta. Podemos acordar lo que queremos que prosperé en un vínculo: amistad, amor, compartir, apoyar, acompañar, cooperar, confianza, etcétera. También podemos no tener acuerdos, es una opción. Explicitarlos, en mi experiencia, hacen más fluida la correlación. No nos enseñan a tener acuerdos,  crecemos en un "voluntarismo" abrumador, en un "ya se verá". Y al final nos agotamos, no estresamos y nos da hasta ansiedad. Acordar no significa planificar las relaciones hasta la muerte. Acordar debe ser la aspiración mínima de la convivencia. Por ejemplo: acordemos mantener limpia la casa limpiando todos una vez por semana y repartiendo tareas; acordemos que si nos volvemos a besar será en base a una confianza de sabernos individuos libres; acordemos que si vamos de viaje juntos y nos apetece estar solos seremos explícitos para vivir nuestra soledad. Los acuerdos no son promesas eternas, convocar a nuevos acuerdos es tan humano como que todos vamos evolucionando a nuestro ritmo. Cada relación es tan distinta que esos acuerdos irán surgiendo según las necesidades de mantener concordancia. Tener acuerdos significa llenarnos de valores.

Algunos sabemos lo que significa la ansiedad y el estrés, porque nos hemos permitido aceptar estás formas dañinas que son consecuencia de una falta de humildad. Sí, de humildad, porque lo hemos querido abarcar todo. Hemos querido imaginar el futuro perfecto, o algo semejante. Donde todo será abundancia y estará bajo control. Pregunté a mi hermano sobre si existe el futuro. Él estudio en la facultad de Ciencias de la UNAM, y siempre tuvo interés en las matemáticas y la física, y esto me respondió:
- Estoy empezando a ver la serie de Flash (el ángel guardián invisible que es capaz de moverse en la super-velocidad). Me imagino que si viaja a la velocidad de la luz, viaja a través del tiempo. Entonces según la teoría de cuerdas hay diferentes realidades y en cada una es un tiempo. Pensar en el futuro es pensar en otra realidad que es aquí y ahora desde otra perspectiva. Es lo que pienso, tu encontrarás tu respuesta.

Además de la contestación anterior, mi hermano, me envío una foto de Laura Palmer, protagonista de Twin Peaks, otra serie que juega con los distintos planos del futuro, surrealista, antes de morir ella dice: "nos veremos 25 años después".




Cada uno de nosotros podemos imaginar futuros, infinitos de nuestra propia vida. Sin embargo, tenemos que ser cuidadosos en pensar que en nuestro futuro tal o cual persona estará incluida, así sea la persona o las personas más queridas. Posiblemente porque al igual que nosotros cada uno está pensando su futuro. Nuevamente ser explícitos y lograr acuerdos hacen parte de como podemos incluir a las personas en nuestro futuro. Pienso que mi madre nunca acordó el momento y el día en que yo me fui de casa, supongo que el futuro que ella tenía para sí me incluía a mí, a veces nuestra relación no fue nada fluida y nuestra separación fue dolorosa. Expectativas sin cumplir. No esperar lo mismo, simplemente saber recibir con delicadeza y gratitud. Dar amor a veces significa aprender del "no", los límites siempre deben ser acordados explícitamente, entre personas... Obviamente con los más pequeños, de los que siempre decimos que debemos aprender la cuestión es más delicada.

Dar todo el amor que llevamos dentro, vaciarnos y dar lo mejor de sí es la actitud con la que podemos afrontar nuestro futuro. Desde un aquí y un ahora presente. 

Existen culturas milenarias como la china o la inca que tienen una visión distinta del tiempo a como se concibe occidentalmente. Los chinos no tienen tiempos verbales sino que relacionan partículas de inicio y fin de la acción; por su parte, los incas y sus descendientes en el Kichwa atienden a una concepción cíclica del tiempo y el espacio. Si nosotros damos amor verdadero en nuestras acciones, ese que no exige igualdad sino que podría construirse en condiciones de equidad a través de la transparencia y los acuerdos explícitos estaremos obrando con conciencia. En un kairos qué nos permitirá sanar nuestra relación con nosotros mismos, librándonos de las formas dañinas que afectan nuestras relaciones. Dar amor y aprender a recibir es, quizá, el regalo más maravilloso que podemos tener con nuestro Ser.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Armonía & Caleidoscopio

I
Él me llama cuando no lo espero,
me acaricia,
me llena de ternura,
me da el universo,
me facilita el espacio,
me regala el tiempo,
es generoso
y amable,
no me exige y
viene cuando más lo necesito,
nace de mis entrañas,
es el amor que nace en mí,
es la conciencia de mi ser,
me hace sonreír,
y tomar las decisiones con delicadeza,
es el amor,
es quién decido ser cada instante.


II
Un remolino energético, espiral. 
es la ley del infinito, que se expande... 
cuando conectas profundamente: encuentras,
vibras, lates... 
Todos los colores se liberan. 

III
Agradezco al amor verdadero, al amor real que nace en mí 
para desear lo mejor 
a quienes quiero 
siendo libres.


Linda Acosta.

El Amor Real es la Mayor Fuente de Nuestra Conciencia.

Linda Acosta.




domingo, 3 de diciembre de 2017

Refracción y Reflexión.
“La catedral es tu cuerpo...
eras verano y mil tormentas, yo
el león que sonríe a las paredes
que he vuelto a pintar del
mismo color”. 
- La chispa adecuada, E. Bunbury-.

Lara llegó a Madrid desde Zaragoza con 18 años. Al mes de cumplir la mayoría de edad decidió dejar la casa de su madre y aventurarse a la capital; su sueño, entonces, era ser actriz. Los padres de Lara eran jóvenes cuando se conocieron y ella fue fruto de un tierno y bohemio amor. Miguel, su padre, daba clases de dibujo a nivel secundario en un instituto público y por las tardes en una academia. Pilar, la madre, era enfermera en un hospital, con turnos rotativos y un sentido estricto del orden, para no perderse entre distintos tonalidades de la luz.

Lara se enamoró de Pedro al llegar a Madrid, vivió con él durante cinco años; después se enamoró de Manu un clarinetista francés, y paralelamente tuvo una conexión profunda con su vecina de Argentina a la que llamaremos María Paz. Las clases de teatro se llenaban de vino por las noches, y Paz y ella se curaban la resaca con una taza grande de café y chocolate al amanecer. Correr, para ir al trabajo de camarera, o de cuidadora de niños por la mañana. Volvía de diario a las noches de “El Chiscón”, un bar lleno de güiris y errantes. Lara llenaba con sus ojos y con su risa los agujeros de los estudiantes de intercambio beca-Erasmus que se alcoholizaban con música de Mano Negra o Los Rodríguez. Su piel blanca, sus labios rosas, su ternura chispeante, su chaqueta de colores y sus zapatos verdes.

Lara Larita, como le llamábamos dejó su sueño de ser actriz cuando en clases de Clown conoció a Bernard, un aficionado a payaso y físico molecular de profesión. Hicieron varias funciones juntos en escena con un grupo de estrellas fugaces de distintas latitudes del planeta. Es lo que tiene Madrid, un magnetismo para la lujuria, la gula, la pereza. No es casual encontrar al Bosco en el museo del Prado. Con Bernard coincidió en la risa, y estuvieron viviendo juntos durante cuatro años en un ático de la calle Torrecilla del Leal. Cada cambio de estación organizaban fiestas de disfraces. Una día llegue con maquillaje azul como si fuera una laguna, era práctico y un disfraz atemporal con ciertos accesorios; aquella vez me puse flores en la cabeza, de las que venden en los bazares de los chinos. Era primavera.

La naturaleza nos ofrece la sabiduría de la transformación. Lara amaneció un día con los ojos llorosos, un vaso vacío en la mano derecha que olía a alcohol, sentía que se ahogaba. Con Bernard aprendió francés y la Ley de Snell, de la refracción.

La refracción es el cambio de dirección que experimenta una onda al pasar de un medio material a otro. Sólo se produce si la onda incide oblicuamente sobre la superficie de separación de dos medios, y si éstos tienen índices de refracción distintos.Es decir, la refracción se origina en el cambio de velocidad de la propagación de la onda, cuando pasa de un medio a otro. El índice de refracción relaciona la velocidad de la luz en el vacío con la velocidad de la luz en el medio. Cuando un rayo de luz se propaga en un medio con índice de refracción incidiendo con un ángulo sobre la superficie de un medio de índice puede reflejarse totalmente en el interior del medio de mayor índice de refracción, a este fenómeno se le conoce como reflexión interna total.

Una vez comprendida dicha ley, Lara no volvería a ver del mismo modo los arcoiris desde la terraza del ático de Torrecilla del Leal. La rutina del amor se instaló en la velocidad del estrés: trabajar de camarera, clases de francés, ir al supermercado, llegar a fin de mes. Mientras que Bernard escuchaba complacido el Summertime de Ella Fitzgerald y agitaba su vaso de whisky con hielos Lara soltó una lagrima en la cocina mientras cortaba queso para cenar.

Un día de abril, cuando todavía amenazaba el imprevisto de la lluvia, Lara larita llamo a su madre, a su padre y a su prima Monica. Les dijo que se marchaba a Canarias para encontrarse consigo misma. Bernard, que por entonces era investigador asociado en el instituto de Física de la Complutense, perdió su última carcajada cuando vio a Lara con sus zapatos verdes y su maleta llena esperanzas. Se abrazaron y lloraron en abril, ella no quería pasar un verano más en Madrid.

Lara tuvo la fortuna del que no busca, entre todas sus posibilidades consiguió una plaza de interina en un instituto de Lanzarote, como profesora de francés. Su padre fue a visitarla alguna vez con una rica trenza de Almudévar, famosas en todo Aragón. Un día Larita se dio cuenta que le faltaba Península. Dejo su plaza como profesora y se volvió a Madrid. A punto estaba de morir en vida, porque ya no se hallaba ni aquí, ni allá. Habían pasado catorce años, toda una vida de aventuras.

Fue en el templo de Debod, en un atardecer del incipiente verano en junio que a lo lejos vio a Paz con Martina. Paz solía ir por las tardes a ver la puesta de sol con su hija Martina de tres años. Un sol que caía de manera cotidiana ofreciéndole seguridad, ante ese vacío que no lograba llenar ni con un carrito de bebé lleno de toallitas y leche en polvo, que algún día se acabarían, como se acaba la adolescencia. Paz había llegado a Madrid desde Buenos Aires, el mismo año que Lara, con el sueño de comerse el mundo como artista plástica. Yo todavía guardo uno de sus dibujos en mi cajón de tesoros. 
Paz y Larita habían encontraron química en la idea del amor romántico, alejándose una de la otra sin querer. En mucho tiempo no supieron nada la una de la otra. Paz era madre soltera, la niña nació en Bilbao, ahí tuvo una vida espléndida. Exposición de pinturas en algún festival alternativo de Guipúzcoa, mientras seguía limpiando mesas por las mañanas y diseñando logos para herbolarios o academias. He dicho que era junio, hacía un par de meses que Paz se había vuelto a la capital del reino para certificarse como instructora de Yoga. Encontró una casita pequeña con huerto en el Valle de Lozoya, donde pretendía abrir un centro cultural. Esa tarde no volvió sola, Larita volvió con ella y Martina, por fin: hogar.


Linda Acosta Rodríguez.